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miércoles, 13 de abril de 2016





¿Por qué nuestra memoria no empieza hasta que tenemos tres años?


            



Se ha establecido que los tres años de edad es el momento a partir del cual los recuerdos empiezan a quedar más o menos grabados. Obviamente, no se puede recordar todo lo que nos sucedió a partir de ese momento, pero sí se pueden relatar algunos de los sucesos más significativos. Este curioso fenómeno recibe el nombre de amnesia infantil y a continuación vamos a tratar de explicar por qué sucede: por qué nuestra memoria no empieza hasta que tenemos tres años.


"Pues yo tengo recuerdos de antes de los tres años"


Mucha gente coincide en que apenas recuerda su infancia. Mucha gente, en cambio, explica que sí, que recuerda muchas cosas y que sus recuerdos llegan incluso a edades más tempranas, como un año o dos. La edad promedio para el primer recuerdo en los EE.UU. es de tres años y medio. Pero esa es la media, es decir, habrá personas que tendrán recuerdos de antes de los tres años y habrá que los tengan a partir de los cuatro. De hecho, se ha documentado que uno de cada 30 adultos es capaz de explicar un recuerdo con un año de edad. De igual modo, uno de cada 30 adultos no recuerda nada que le haya sucedido antes de los 6, 7 o incluso 8 años.


Si eres mujer, lo tienes mejor

        

Si nos juntáramos un grupo de adultos para intentar concentrarnos y hacer un ejercicio de regresión mental tratando de buscar el recuerdo más antiguo que guardamos, las mujeres lo tendrían mejor. Ellas tienden a tener recuerdos más tempranos que nosotros los hombres. La explicación plausible es que las niñas maduran antes que los niños. Aprenden antes a hablar, desarrollan antes sus capacidades cerebrales y, en consecuencia, son capaces de almacenar recuerdos antes que nosotros, los niños.

Como dijo una vez un profesor, las niñas, además, aprenden antes la picaresca de las relaciones interpersonales. Un niño que quiere un helado le dirá a su padre "papá, quiero un helado". Una niña que quiere un helado le dirá "papá, ¿no te apetece un helado?".

Dime cómo son tus padres y te diré cuánto recuerdas



Gran parte de los recuerdos que tenemos de nuestra infancia los mantenemos vivos gracias a nuestros padres. Hay estudios que han llegado a mostrar que los niños de algunas culturas tienen más dificultad evocando sus recuerdos más tempranos, como las asiáticas, probablemente por la diferencia de relación de los niños con sus padres.


                     



Al parecer, las madres asiáticas no tienen costumbre de hablar del pasado con la misma frecuencia que las madres de occidente, y cuando lo hacen no se centran tanto en lo que sus hijos hacían o dejaban de hacer. Aquí en España, por ejemplo, somos más de mirar al pasado. Hay gente que no hace más que colgar en Facebook fotos y vivencias de épocas pasadas, como si prefirieran mirar atrás que adelante, las cenas de Navidad y los cumpleaños son a veces repeticiones de celebraciones pasadas, en la que el afectado (si es su cumple) debe escuchar anécdotas en las que fue protagonista una y otra vez, como si nunca antes se hubieran explicado. Hasta nuestras madres tienden a sacar los álbumes de fotos para recordar momentos y hacernos revivir recuerdos que habían quedado latentes, a veces por motivos obvios.

Claro, si diferenciamos a los niños asiáticos de los nuestros, seguro que nosotros recordamos más cosas que ellos, básicamente por cómo se comportan nuestros padres al hablar del pasado.


¿Eres el primer hijo o cuando llegaste ya tenías hermanos?

                                        feliz cumple a mi hnito mayor


Otro factor que determina la diferencia parece ser la posición que te ha tocado al nacer, dentro del grupo de hermanos. Los primeros que nacieron, los hermanos mayores, tienen recuerdos anteriores que los hermanos siguientes. La explicación podría ser el hecho de tener vivencias domésticas siempre con un número menor de personas (mamá y papá) que los hermanos, que las comparten con mamá, papá y el hermano, el hecho de pasar más tiempo con los padres, que al tener un segundo se reparten más y los niños tienden a estar más solos en sus juegos y rutinas y el hecho de que el menor puede llegar a ser menos espontáneo y más imitador: los hijos pequeños tienden a imitar a sus hermanos y sus decisiones son, a menudo, menos propias.

Dime cómo de emocionante fue tu infancia


La mayoría de recuerdos antiguos que tenemos los recordamos porque en ese momento sucedió algo emocionante o importante. Los niños que han tenido una infancia más bien monótona, aburrida y con pocos eventos a destacar tienen, obviamente, menos sucesos que recordar. Los niños que, además, han tenido una infancia con sucesos que les hacían sentir mal, dolidos por ver injusticias y con problemas que en su momento no se resolvieron, tienden también a tratar de no evocar esos recuerdos. De manera consciente e inconsciente crean un muro que les evite recordar aquellos tiempos y como consecuencia tienen primeros recuerdos más tardíos (cuanto menos se recuerda algo y se habla de ello más fácil es olvidarlo).

Al revés, vivencias impactantes (por buenas o por malas) puntuales, que llegan a marcar un antes y un después, que impresionaron mucho a los niños, son más fáciles de recordar por el mero hecho de ir recordándolas a medida que pasan los años. Si a los 2 años me pasó algo horrible es posible que a los cinco lo recuerde y me venga de nuevo a la mente. Quizás un día a los siete vuelva a recordarlo, porque a los cinco lo hice consciente. Podría ser que a los diez me venga de nuevo porque a los siete lo recuperé de nuevo, y así hasta llegar a la edad adulta, reforzado por el simple hecho de haberlo ido recordando varias veces en el tiempo.


Pero, ¿por qué nuestra memoria no empieza hasta esos 3-4 años?




Sigmund Freud decía que la amnesia infantil se debía a la represión inconsciente de los recuerdos. Algo así como un mecanismo de defensa que los almacena en un lugar inaccesible para evitar que nos afectaran. Ese lugar, esos recuerdos reprimidos, podrían volver a salir a la luz con ayuda de la psicoterapia.

Teorías posteriores vienen a decir que es una cuestión más biológica. Hasta esa edad el cerebro no se ha desarrollado todavía hasta llegar a un mínimo en el que los recuerdos puedan ser almacenados. Vamos, que sin la capacidad de empezar a recordar bien las cosas, es imposible que suceda.



          




Otras investigaciones sugieren que los niños sí son capaces de recordar y almacenar sus recuerdos, incluso cuando son pequeñitos, pero que los pierden más rápido que los adultos. Dentro de estas teorías entraría la neurogénesis, de la que hablamos el año pasado comentando un estudio. Los investigadores vieron en ratas adultas que cuando aceleraban la creación de células neuronales tenían más dificultad para almacenar recuerdos. A la vez, vieron que cuando frenaban la creación de células neuronales en ratas jóvenes tenían una mejor memoria.

Los niños tienen una neurogénesis altísima. Su cerebro está en constante crecimiento y muestra de ello es que desde el nacimiento hasta los tres años el cerebro dobla su tamaño. Es posible que a partir de ese momento el crecimiento sea más progresivo, más lento, y por eso sean más capaces de empezar a almacenar recuerdos para siempre.

Los pendientes no duelen, y además luego ni se acuerdan


             

los pendientes, no porque me parezca lo peor (ni lo mejor) que se le puede hacer a una niña, sino porque es uno de los temas en que suele darse como respuesta que "los pendientes no duelen, y además luego ni se acuerdan". Cuando he hablado sobre pendientes y he explicado que de tener una hija no le habríamos puesto pendientes he recibido esta frase en alguna ocasión. El caso es que sí, les duele, lo que pasa es que las conexiones neuronales de los bebés son tempranas e inmaduras, y el tiempo de reacción no es el mismo que en los adultos. Pueden tardar un rato en llorar o pueden incluso no hacerlo y no por ello les duele menos.

Sobre que se acuerden o no, pues es cierto, dudo mucho que ninguna niña llegue nunca a decirle a sus padres que cuando le hicieron los pendientes al nacer le dolió y que mejor se lo hubieran ahorrado.



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