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viernes, 11 de marzo de 2016

              


               DEJAR LLORAR A LOS BEBES.SI O NO??


¿Dejarles llorar o no dejarles llorar? Esta es la gran pregunta cuando uno habla de sus hijos. Antiguamente, al hablar de bebés, era habitual que te dijeran que lo recomendable era dejarles llorar: "así sabrá que no puede tenerse todo en la vida", "así aprende a calmarse solo", "así aprende a dormir sin necesitar a sus padres", "así no se acostumbra a los brazos" o "así se le ensanchan los pulmones".


                  




De un tiempo a esta parte el discurso está cambiando y ahora se recomienda todo lo contrario, que no les dejemos llorar, que les atendamos, que les ayudemos a calmarse, que les demos contención, cariño, paz... para que tengan un correcto desarrollo y para que nos acostumbremos a ese tipo de cuidados, a atenderles, a crear ese vínculo que debe ser bidireccional, que el bebé quiera que le cuidemos y que nosotros queramos cuidarle (no hablamos de amor, los padres aman a sus hijos, pero muchos les dejan llorar porque les han dicho que es bueno, y se crea una ruptura entre la demanda de ayuda y la respuesta de los padres que no debería existir).

Ahora bien, cuando hablamos de niños más mayores, ¿qué pasa? Porque los niños más mayores también lloran, pero lo habitual entonces es evitar que lo hagan, censurarlos, decirles que dejen de llorar. ¿Y qué hago yo? Pues lo que he hecho siempre, ir al contrario del mundo, al parecer, porque yo, como padre, sí dejo llorar a mis hijos.


Bueno, no dejarles llorar sin hacer nada por ellos... no me refiero a eso. Hablo de permitir que expresen su malestar, su llanto, sus tristezas, sus problemas. Yo sí les dejo que lloren y muestren así sus sentimientos.

                                                  


A los bebés no hay que dejarles llorar




Por si hay algún equívoco, que nadie se eche las manos a la cabeza: a los bebés no hay que dejarles llorar. Con esto no quiero decir que pase algo si lloran, porque llorar lo van a hacer, pues es su único modo de comunicarse y pedir lo que necesitan. Lo que quiero decir es que si un bebé llora, hay que atenderle. Darle alimento, darle cariño, cambiarle el pañal, mirar si lo hemos abrigado demasiado o demasiado poco, ayudarle si le duele algo o se encuentra mal, etc. Ellos esperan que les atiendas y es lo que hay que hacer.

Mucha gente les deja llorar porque sienten o piensan que el bebé les controla, que les manipula. Nada más lejos de la realidad, los bebés no son capaces de manipular a sus padres, porque no son capaces de pensar en sus actos y sus consecuencias. Ellos solo piden lo que creen que necesitan.

Lo hacen porque están programados para sobrevivir, y cualquier cosa que les haga sentir en peligro, o cualquier malestar, provocará el llanto para resolver esa situación. Y ahí es cuando llegamos nosotros para calmarles, pues los efectos del llanto no son en realidad deseables.

Que si te tienes que duchar y el niño llora, pues mira, es lo que hay... sales, te secas, haces lo que puedes y le coges "ven, cariño, que ya estoy contigo". Pero si puedes estar por el bebé y le dejas llorar deliberadamente cuando podrías atenderle entonces tenemos un problema, por lo que he comentado antes: el bebé no recibe la atención que necesita y los padres se desconectan de sus llamadas de ayuda.


A los niños sí hay que dejarles llorar




Lo habitual en nuestra sociedad, al menos hasta hace poco, es que se diga que a los bebés hay que dejarles llorar y que a los niños más mayores no se les deje llorar. Esta cambio se realiza en base al raciocinio de los niños: cuando ya consideramos que son capaces de pensar, hablar, manipular, hacer y deshacer, entonces su llanto nos molesta, porque consideramos que ya son lo suficientemente mayores como para no llorar demasiado. Digamos que sería algo así como "llora de pequeño para crecer rápido y no llorar después", como si el cerebro fuera un músculo que hay que entrenar para moldear rápido el carácter y que sea una persona autónoma, independiente y lo suficientemente madura como para aprender cuanto antes que la vida es dura y que los que soportan cualquier cosa son los que saldrán victoriosos.

El problema es que los niños no funcionan así. Necesitan mucho más para llegar a ser quienes esperamos que sean y por eso no tiene sentido y es contraproducente abusar del "deja de llorar", "venga, que no te has hecho nada", "va, hombre, no te quejes tanto" o los "como sigas llorando te castigo", "si sigues quejándote no te lo compro" y el "no ha sido para tanto".






Son frases, todas, que tratan de aplacar el llanto cuanto antes, los quejidos. Nos molesta que un niño que ya sabe hablar llore, porque sentimos que es débil en comparación con otros niños, o débil en comparación con el niño que creemos que es, o debería ser. "No llores", le decimos de uno u otro modo. No llores, sé fuerte, no demuestres debilidad, no muestres fisuras, endurécete, haz de tu corazón piedra, deja de lamer las cicatrices y conviértete en una persona recta, rígida, valiente e impenetrable.

                                        

Pero ser así, tener ese carácter, no es algo que los niños tengan que hacer de pequeños. Una persona se transforma en eso (o no) con el paso del tiempo. Y son muy pocos los que lo consiguen de verdad. De hecho, probablemente ni siquiera sea positivo que alguien se convierta en un ser tan rocoso, porque llegar a ese extremo puede perjudicar en otras facetas de la vida: ¿Dónde queda el equilibrio? ¿Dónde el amor, el cariño, el romanticismo? ¿Dónde la empatía? ¿No puede pasar que una persona tan fuerte acabe por no entender el sufrimiento de los demás?

Son pocos, como digo, los que llegan a eso, porque la mayoría solo lo figuran. Actúan. Disimulan. Hacen creer a los demás que lo son, pero por dentro están llenos de miedos e inseguridades, llenos de dolor y llenos de ansiedad reprimida, de cicatrices mal curadas. Una personalidad creada con naipes. Un gran castillo de naipes recubierto de piedra, que es lo que se ve desde fuera. Una carcasa dura, difícil de franquear, en la que las personas se escudan para mantener su frágil existencia en equilibrio. ¿Y qué pasa cuando eres así y te encuentras con una persona sin tales inseguridades, de esas capaces de captar los miedos y la oscuridad de tu ser sólo con mirarte? Que te pone en jaque, te pone nervioso y que, si le dejas, si le permites hablar, si le permites quererte, si le dejas acercarse, puede llegar a abrir esa dura carcasa. Algo que en realidad deseas que pase con todo tu alma, pero que temes con todo tu ser.

Pero ojo, puede hacerlo alguien que te ame o alguien que te quiera destruir. Cualquiera de las dos. Porque si alguien que te odia logra romper tu primera barrera todo saldrá a la luz, tu verdadero y pequeñito yo, ese que se tambalea y corre riesgo de acabar seriamente herido porque desde siempre, desde que eras pequeño, alguien te dijo que no podías llorar, que no podías quejarte, que debías sufrir en silencio, que tú solo debías lidiar con tus miedos, tus inseguridades, tus complejos y tus dudas.

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lunes, 22 de febrero de 2016

    


       CUANDO EL BEBE SE PRIVA POR EL LLANTO.



Los espamos del llanto.



Algunos niños tienen espasmos de llanto hasta incluso desmayarse. Esto suele ocurrir con frecuencia en los niños más pequeños. ¡Identifica las causas de estos episodios!



                           

                           



Los espasmos del sollozo son cuadros en los que el niño queda sin respiración tras una espiración prolongada, que normalmente se producen como consecuencia de un episodio como un llanto o un enfado.

Se caracterizan porque tras hacer una espiración larga, el niño luego se queda sin respirar y como consecuencia de ello se llega a poner incluso de un color azulado que llama mucho la atención, durante unos segundos (es lo que muchos padres describen “que se ha quedado privado”).

Este fenómeno puede ocurrir en niños sanos entre los 6 meses y los 6 años, y es más frecuente hacia los 2 años. Además, se puede repetir este comportamiento varias veces al día o hacerlo sólo en raras ocasiones.



CAUSAS DEL ESPASMO.



En la mayoría de los casos, los espasmos del llanto pueden preverse e incluso evitarse una vez se identifican las causas que los provocan.

1. Los espasmos del llanto en el niño se pueden deber a una respuesta al miedo, a un enfado o un evento traumático, como el dolor o al ser asustado.

2. Si los papás tuvieron episodios de espasmos del llanto similares en la infancia, entonces, el niño tiene mayor probabilidad de sufrirlos.

4. Aunque a menudo ocurren con los berrinches, no se cree que los espasmos por llanto sean un acto intencional de rebeldía.



                   






TRATAMIENTO.



Con el tiempo los cuadros en general suelen desaparecer sin ningún problema, por lo que es importante armarse de paciencia y sobre todo evitar sobre proteger al niño, ya que es imposible predecir cuándo va a padecer un episodio o no.

En el caso de los leves lo normal es que no se paute ninguna medicación o medida especial. De hecho, muchos textos recomiendan incluso “ignorarlos”, es decir, no darles excesiva importancia, para que el niño no los asocie a que atrae atención. En cualquier caso siempre deben ser comentados con el pediatra para evaluar el riesgo y la actitud.



En los cuadros que el pediatra cataloga como graves puede que el niño se beneficie de tratamientos farmacológicos, como por ejemplo ansiolíticos o incluso atropina en caso de que se produzca un cuadro potencialmente severo, con pérdida de conocimiento y ausencia incluso de respiración que se prolongue más allá de unos segundos.

El problema es que estos fármacos tienen importantísimos efectos secundarios y su uso ha de hacerse bajo estricto control médico y sólo en casos potencialmente graves y severos.


- Lo ideal es evitar situaciones que provoquen enfados para ayudar a reducir este tipo de episodios. 

- También, se recomienda colocar una tela fría en la frente del niño durante la crisis puede acortar el episodio.

- Los espasmos del llanto no deben ser ignorados, aunque parezcan berrinches, lo ideal es mantener la calma y tranquilizar al pequeño para que no se convierta en un espasmo por llanto.



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QUE PRONÓSTICO TIENEN LOS ESPAMOS.




Realmente el pronóstico en general es muy bueno, incluso en los graves, aunque estos tienen mayor riesgo real de lesiones que los leves, por lo que puede que haya que controlarlos con medicación.

En general suelen remitir con el tiempo sin producir ningún tipo de secuelas en los niños.

Es importante destacar que precisamente por eso es importante evitar que el niño aprenda a desencadenar estrés a través de rabietas o enfados para conseguir sus objetivos, por lo que en general se suele recomendar no alimentar estas conductas. Una forma sería precisamente el ignorarlas, como recomiendan muchos textos y profesionales, para que el niño no los use como un método de llamar la atención.

En cualquier caso siempre es importante el seguimiento y asesoramiento por el pediatra, en todos los casos.