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lunes, 18 de abril de 2016



   




CUANDO ES EL MOMENTO DE QUITAR EL PAÑAL Y PASAR AL ORINAL.

Tras su segundo cumpleaños puedes empezar a pensar en habituar a tu hijo a controlar el pis y la caca. No debes imponérselo. Él decide cuándo dejar el pañal y obligarle no sirve de nada.

                                    




Muchas consultas de los padres tienen que ver con el control de los esfínteres: sus retrasos, sus complicaciones, sus retrocesos, sus dificultades... Y las respuestas de nuestros expertos aconsejan casi siempre lo mismo: paciencia, tranquilidad, tolerancia, no apresurarse, no presionar, evitar la tensión, tiempo al tiempo... Sobre todo, paciencia.



Hay tres razones equivocadas por las que los padres nos empeñamos en abandonar el pañal antes de tiempo:
Primera, la incomodidad que supone y lo costoso que resulta comprar tantos pañales.
Segunda, las odiosas comparaciones con el niño del vecino o de la cuñada, olvidando que cada uno tiene su ritmo particular.
Tercera, desconocer que el control de las necesidades fisiológicas no se puede imponer. Es una consecuencia natural de la maduración del niño, algo que llega cuando tiene que llegar.


Cada cosa a su tiempo







               



La diferencia de ritmo en el control del pis y la caca entre unos niños y otros es aún mayor que en empezar a caminar. Pero el deseado control llega. De forma aproximada se puede aventurar que:
Alrededor del segundo cumpleaños suele lograrse el control de la caca.
El control del pis diurno se consigue entre los dos años y medio y los tres.
El pis nocturno puede seguir escapándose hasta los tres o tres y medio.
Uno de cada cinco niños aún necesitan pañales por las noches en el cuarto cumpleaños.
Solo si llegan a los cinco años sin lograr el control (hablamos de descontrol frecuente, no de algún escape ocasional), cabe que exista un trastorno.



Sin coacciones








Abandonar los pañales no ha de ser una decisión de los padres, sino del propio niño. Se le puede estimular, pero a de vivirlo como una conquista personal, no como una imposición.


¿Cuál es el mejor momento para empezar?

Cuando comienza a tener noción del tiempo, es decir, a distinguir entre 'ahora y «después'. Así podrá avisar a tiempo cuando quiera ir al baño.
Cuando empieza a nombrar sus excrementos como 'pis' y 'caca'.
Si muestra incomodidad cuando está mojado, le molesta el pañal, quiere quitárselo o nos avisa para que le cambiemos.


Cómo empezar..




Podemos comenzar preguntándole: '¿Quieres que te quitemos los pañales y hacer pis y caca en el orinal, ahora que ya eres más grande?'. Lo de 'grande', si se lo decimos, debe sonar a estímulo, no a chantaje. Si contesta que sí, estupendo. Si se niega, es mejor dejarlo para más adelante.

¿Por qué tantas precauciones? A esta edad el niño empieza a afirmarse como persona, y lo hace a menudo a través del 'no quiero'. Por eso conviene buscar, para empezar este entrenamiento, los momentos en los que nuestro hijo esté de buen humor y en buena sintonía con nosotros.

No conviene mostrar un interés excesivo en la retirada del pañal. El niño, que depende para todo de los mayores, siente que este es uno de los pocos terrenos en que puede hacer su santa voluntad. Su cuerpo es suyo y lo vacía cuando quiere. Si no está a buenas con nosotros, la ocasión es magnífica para llevarnos la contraria en algo que él controla y que, por lo visto, nos interesa tanto.



Los temidos escapes





               




Puede ocurrir que nuestro hijo haya dado su consentimiento pero siga teniendo 'escapes'. Es lo más normal y no hay que contrariarse, reñirle ni ridiculizarle. Es más, si esos escapes son continuos, le podemos volver a poner los pañales una temporada.

Hay niños que pasan por una etapa en la que, sin controlar aún del todo, se niegan a ponerse pañal para salir a la calle, porque se sienten mayores. Hará falta paciencia y diplomacia, y a lo mejor hay que restringir las salidas unos días.

No quieren el orinal, se van a un rincón... Algunos padres ven puesta a prueba su paciencia cuando su hijo da por liquidado el pañal pero aún no tolera el orinal ni el inodoro. A veces, hay que dejarle que lisa y llanamente se lo haga encima. De verdad que el pobre no tiene otra salida.


Son días difíciles para ellos, pero serán breves si rodeamos de amor a nuestro hijo y sabemos transmitirle nuestro cariño incondicional.

Un entrenamiento temprano no es bueno, pero dejarlo para demasiado tarde también puede traer problemas. Hay que empezar antes del tercer cumpleaños.

Hay niños que hacen pis en el orinal sin problemas, pero prefieren seguir haciendo la caca en los pañales un tiempo. No hay que dar importancia a estas 'manías', que son transitorias. Suele ayudar con el niño a comprar el orinal y dejar que lo elija a su gusto.

Algunos rechazan el orinal y prefieren hacerlo directamente en el inodoro, como los mayores. Hay unos adaptadores para que el niño se encuentre cómodo.


                      



El deseo de crecer y de imitar a los mayores les anima. Podéis empezar por hacer notar al niño que también vosotros usáis el inodoro, y dejarle encaramarse con el orinal allá arriba e imitaros, jugando a que él hace lo mismo. No importa que al principio no expulse realmente nada. Le sirve como preparación.

Las recaídas no son fracasos. Un cambio ambiental o un conflicto emocional puede hacer que vuelva a mojar la cama un tiempo. Pueden ser unas vacaciones, la entrada en guardería o el nacimiento de un hermano. Si le ocurre a tu hijo, no debes regañarle ni alarmarte. Quítale importancia y muéstrale tu confianza en que lo superará.

jueves, 17 de marzo de 2016



                     



                     SER MAMÁ TE HACE CAMBIAR . 

              CONOCE CUALES SON ESOS CAMBIOS.


                                           


Cuando nace un hijo no solo cambió tu vida, también una parte de tí. Adquieres habilidades que nunca habías tenido y tus prioridades y tu visión del mundo se transforman. ¿Sientes lo mismo ?



Primeros cambios en la maternidad


La primera vez que te das cuenta de que la maternidad iba a tener efectos irreversibles sobre tí (no en tu vida profesional o en tu cuerpo, sino en tu manera de ser y estar en el mundo)es cuando  te encuentras en el paritorio.

El dolor de las contracciones y la preocupación acerca de la salud del bebé que estas a punto de ver por primera vez no impiden que te sientas llena de energía, muy feliz y extrañamente todopoderosa.

Te sorprenderá no experimentar miedo ni ansiedad, emociones que te han acompañado durante gran parte de tu vida adulta y que habían desaparecido por completo durante la gestación.

Mi cerebro, mi hijo y yo


                              


Algunos estudios dicen que el cerebro de la madre disminuye durante el embarazo.

No os alarméis ni penséis que son oscuras teorías de viejos neurólogos del sexo masculino: las mismas tesis aseguran que a los seis meses de dar a luz el cerebro ya habrá recuperado su tamaño.Más aún: la madre tendrá mayor capacidad de concentración, será más inteligente y podrá amar mejor.

Parece ser que esta disminución transitoria de volumen ayuda a la reestructuración del encéfalo y aumenta las conexiones neuronales en ciertas áreas, especialmente las que se ocupan de la memoria emocional.



Áreas de protección y de eficiencia



La neuropsiquiatra Louan Brizendine, una de las mayores expertas en las diferencias cerebrales de hombres y mujeres, lo explica muy bien:

 “Es un fenómeno relacionado con la secreción de hormonas que regulan los vínculos afectivos, cuyo efecto más sorprendente es el gran desarrollo del área de protección y de eficiencia”.

Es cierto que desde que soy madre me siento más eficaz y fuerte, más valiente y resistente, y también más sensible al dolor de los demás. Quizá porque tener un hijo no solo crea un vínculo con él, también un hilo que te une al futuro y te compromete con el mundo en el que ese niño ha de vivir.



                                    


Siempre alerta

Todas las madres reconocerán estas experiencias: despertarse ante el más ligero movimiento de su bebé, reconocer su llanto entre otros con los ojos cerrados, saber solo con mirarle que algo va mal o confirmar con un roce que se está poniendo enfermo.


Super poderes de madre

Esa sensación de que de repente has adquirido super poderes o un sexto sentido tiene una explicación biológica. 
Cuando una madre toca a su bebé y éste la toca a ella, recibe información muy sutil, pero muy poderosa, sobre cómo es su pequeño, qué siente y cómo es su relación con él. Esto tiene un efecto a nivel cerebral y establece un vínculo especial entre la madre y el hijo.



                                        


Muchas cosas a la vez

¿Os suena? Trabajes o no fuera del hogar, tienes que hacer multitud de cosas y todas a la vez, establecer prioridades, ser más eficaz y resolutiva y tomar decisiones en décimas de segundo.

¿Quién dijo miedo?



¿Cuál es el secreto de poder atender a todo y no estar loca? Además de sacrificar el tiempo que antes te dedicabas a ti misma.

Cualquier madre es consciente del estrés que genera un recién nacido que necesita comer a menudo y que suele despertarse constantemente durante la noche.

                             

Una mujer puede perder hasta 700 horas de sueño durante el primer año de vida de su hijo. Esta falta de descanso, sin el respaldo de un cerebro preparado para combatirlo, afectaría negativamente a su salud y a su capacidad de afrontar el día a día.

Afortunadamente, las neuronas que se encargan de la producción de la hormona oxitocina se reestructuran literalmente durante el parto y la lactancia. Y sus efectos pueden ser permanentes y proteger a la madre durante toda su vida.

Más valor y menos ansiedad



Además, un reciente estudio de la Universidad de Bonn (Alemania) confirma que gracias a la prolactina, que funciona a nivel cerebral como neurotransmisor, las madres son más valientes. En las que dan el pecho, por ejemplo, el nivel de esta hormona en sangre es hasta ocho veces superior al habitual.

La mayor parte de las hembras de los mamíferos son capaces de enfrentarse a animales mucho más grandes y fuertes, ofreciéndose como señuelos para despistar al depredador. También son capaces de arriesgarse más en la búsqueda de alimento para sus retoños. La causa es la reducción de la amígdala, la responsable de las reacciones de huída-lucha, que disminuye la respuesta al peligro.





Dosis extra de empatía



Unidas a la eficiencia organizativa y a la protección natural antiestrés, la capacidad de relativizar y la empatía también se intensifican con la maternidad. Para las madres es más fácil ponerse en el lugar del otro porque en su vida hay “otro” que forma parte esencial de su ser.

Para proteger a ese niño que aún no sabe expresarse, tienes que intuir cómo se siente y qué necesidades tiene. Por este motivo, , la maternidad fomenta las habilidades para el lenguaje no verbal, algo que parece muy razonable con bebés que no van a ser capaces de hablar hasta pasado un tiempo.

De repente adquieres una mayor habilidad para observar los sentimientos y emociones propios y ajenos, distinguir entre ellos y usar esa información para modificar sobre la marcha tus pensamientos y tus actos.



                   



Aumenta nuestra inteligencia


 La maternidad mejora la memoria espacial (de ahí que las madres siempre lo encuentren todo) y la rapidez a la hora de entender conceptos nuevos, lo que es de gran ayuda con los hijos, que experimentan muchos cambios en cortos periodos de tiempo.

Su vínculo con el mundo



Al convertirnos en madres nos transformamos no solo en la persona de la que depende la supervivencia de nuestro hijo, también en la que va a marcar la forma que tendrá de tratar con el mundo y con los demás.

Y para hacer bien esta tarea se necesitan super poderes.

                                     

                           

El cambio de los papás


El nacimiento de un hijo también cambia al padre. Su cerebro segrega mayores cantidades de estrógeno, oxitocina, prolactina y glucocorticoides, que contribuyen a la instauración de relaciones afectivas.El roce hace el cariño y 
es interesante observar que, cuanto más tiempo pasa el padre con su hijo, más aumentan sus capacidades afectivas.